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1,2,3,4,5,6,7,8,9... fuera el cine
Rocky III o Rocky LXV, qué más da. Siempre será Balboa, con su hablar torpe y su recorrido de menor a mayor en cada cinta. Es tan predecible y ampulosa como cualquier cinta que provenga del país de las gaseosas y las papas fritas. Se entiende que Stallone desee ingresos “fáciles” merced a sus bodrios imperialistas para poder mantener sus numerosas propiedades como las que adquirió en la Patagonia argentina. Ahora bien, ¿no podría al menos ser un poco más gracioso como su camarada Schwarzenegger? Definitivamente creo que no, pues es ampliamente peor actor que el citado gobernador de California. Quizá hubiera sido preferible que prosiguiera con sus labores de limpiajaulas del zoológico de N.Y.(con todo respeto hacia esos trabajadores). Tal vez nos hubiéramos ahorrado tanto derroche de ojos guiñapos, caídas a la lona en cámara lenta y lugares comunes de esa naturaleza. Comercio, sí. Cine, no. A más de uno le cruzó la fantasía psicodélica de ver en un ring verdadero, a esta caricatura de Sylvester y a Mike “ironman” Tyson y ver volar la oreja o vaya a saber qué otra parte del semental italiano, por lo menos como un acto de vindicta por el séptimo arte al que destroza en cada película...
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: No obstante en cada entrega siempre hay novedosos motivos de lagrimeo: en ésta, la muerte de Mick “Pingüino” Meredith, en la siguiente, el óbito de Apollo y así sucesivamente.
jvai 
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