Una película que trata con notable seriedad el problema del racismo en las sociedades actuales y que hace un inteligente uso de la alternancia entre el color para los momentos que se desarrollan en el presente, y el blanco y negro, que en este caso toma un especial sentido simbólico, para narrar acontecimientos en flash back de la vida de los protagonistas. Quizá en algunos momentos un tanto demagógica, incluye momentos especialmente logrados, como la tensa relación familiar en la casa del protagonista, o la gran recreación del nazi con conflicto interno que hace Edward Norton. Aunque en un papel menos vistoso, también Furlong resulta bastante convincente. Una reflexión sobre la raíz de la intolerancia y la violencia, que apunta a que su origen radica en el propio hogar. Aunque el final resulta un poco tramposo.
spoiler:
El desenlace podría interpretarse como una visión pesimista e irresoluble del fenómeno racista y de la violencia juvenil, pero se podría ir incluso más allá. La voz en off de Furlong queda muy lucida, él ha abierto los ojos, al igual que su hermano. Pero la realidad es que al chico blanco que ha abandonado el mal camino se lo quita de en medio un negrito descerebrado.