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La amo, sí, la amo (a Leonor, claro, no a la película)
Noña, tontorrona, previsible, melodramática en el peor sentido de la palabra. No es una película: es un telefilm para las sobremesas de Antena 3, o del canal local de turno. Lo de Gabino Diego disparando la ametralladora en el frente es, por derecho propio, uno de los momentos estelares en la historia del cine patrio: por mal rodado, por mal interpretado, por tontuna, por incredulidad, por una falta absoluta del sentido del ridículo.
Lo cierto es que antes de verla ya me temía todo esto. Pero la belleza de Leonor Watling me arrastra, en ocasiones, a ver películas que sé, de antemano, que me provocaran el vómito o la indiferencia. Es mi castigo por amarla. Ella es la fruta prohibida de Eros: es guapa, famosa, rica, vive en Madrid. Yo sólo soy un paria babeante de provincias. Me tengo merecida esta penitencia de LA HORA DE LOS VALIENTES. Y las que vengan...
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La muerte del tierno infante, en lugar de producirme pena, me causa un gran alivio: que crío (el actor) tan pesadete. Qué tonto se pone Mercero con eso de los niños.
LeonNewman 
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