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Crítica de HumoyPlacer a Plácido
Plácido
Nota media: 8,3 Notable
Año/País: 1961 /
Director: Luis García Berlanga
Reparto: Cassen, José Luis López Vázquez, Elvira Quintillá, Amelia de la Torre, Julia Caba Alba, Amparo Soler Leal, Manuel Alexandre, Mari Carmen Yepes, Agustín González, Luis Ciges, Antonio Ferrandis
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
HumoyPlacer   Gijón (España)
Su valoración: Excelente 17 de Junio de 2009
Los misterios de la cocina de mi abuela.
Tenía una abuela cuya única obsesión era la comida. Era una anciana cándida, regordeta y bajita con una cara arrugada de ángel escondida bajo unas gruesas gafas de concha, Parecía por su aspecto haberse escapado de un cuento y acompañada de su voz baja, consejo sabio, templanza noble y alma sosegada siempre la recuerdo entre fogones. Se pasaba todo el día en la cocina preparando platos de aldea para sus hijos y nueras y especialmente para el pelotón de nietos desbocados entre los que me encontraba. Nunca he comido tan bien como en casa de mi abuela, en sus recetas aparte de la sencillez se palpaba el cariño y algún que otro misterio más que por aquel entonces no acertaba a descifrar.

Pero cuando fui creciendo mi abuelo me habló del hambre. El hambre de la posguerra que asoló su casa situada en un pueblo minúsculo alejado de la mano de dios. Decía mi abuelo que no hay ninguna sensación peor que sentir el hambre y que mi abuela solamente quería que nunca pasáramos por ello. Por eso mi abuela hacía sus propias asociaciones al respecto, siempre que yo llegaba un nuevo verano a su casa, lo primero que miraba era mi barriga y me regañaba en el caso de haber adelgazado, halagándome en cambio mientras se le subía el colorete de alegría si intuía que algo, aunque fuera poco, había engordado.

El primer misterio de aquella comida tan deliciosa era el misterio del hambre.

Aparte de las enseñanzas de mis abuelos sobre el hambre, no conozco nada mejor que Placido para acercarse un poco más a este asunto. En Placido se palpa el hambre y más aún se hace un estudio sobre el mismo dividiéndolo entre los que siempre han comido bien, los que sólo han comido a medias y los que nunca han comido. Los ricos, que pertenecen al primer grupo desprecian la comida porque siempre la han tenido delante. Sus preocupaciones son de otra índole: la notoriedad, el prestigio social, la fama..., en el segundo grupo tenemos a personajes de lo más dispares que vagan por la película con la única preocupación de saber si van a comer al día siguiente. En el tercer grupo están los pobres que curiosamente como nunca han tenido nada se conforman con cualquier cosa. La diferencia está en que dependiendo de que los personajes de Placido hayan pasado más o menos hambre aumenta o disminuye su dignidad. Los de arriba, prepotentes, avariciosos a ratos mezquinos carecen de ella, mientras que en la escala intermedia a camino entre la picaresca, la impotencia y la bondad, aunque a veces se dude, lo último que se pretende es dejar de ser digno. Los pobres finalmente son siempre dignos de la cabeza a los pies en cualquier tipo de situaciones.

El segundo misterio de la cocina de mi abuela es que era digna.
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HumoyPlacer
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