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Amor y desarraigo
Desde luego, Wong Kar-Wai sabe hacer una historia de amor hermosa, triste y universal, y esta esta no es una excepción. Sin caer en los posibles tópicos tramposos de una historia homosexual (salidas del armario y cosas así) y sin presentarnos el planteamiento clásico del cine romántico (chico conoce chico y demás desarrollos), el director y guinista comienza a narrar entrando directamente al nudo: dos hombres condenados a estar juntos por amor, aunque les suponga la infelicidad y la desgracia. Y ahí nos mantiene, en ese tira y afloja tan propio de una relación, el miedo al abandono, aunque estar juntos suponga estar peor. Y todo ello enmarcado en un ambiente de extrañeza y desarraigo: Buenos Aires, donde apenas conocen el idioma y pueden subsistir en condiciones horribles, un ambiente gélido en el que se agarran al otro aún a riesgo de quemarse.
La realización acompaña a lo ya comentado con su experimentación fotográfica, que nos dice cómo mirar y hacen transparentes a los personajes. Otro acierto es la música, perfecto complemento a la inmensa poesía que desprende la película, una poesía que cala y deja mella.
Saúl 
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