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Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Es curioso como partiendo de una novela bastante endeble, Friedkin construye una historia psicológicamente aterradora; de esas que se salta la barrera de generaciones y gusta por igual a jóvenes y mayores. Una de las preguntas que a uno se le vienen a la mente al terminar el film, es: ¿como reaccionaría cualquiera de nosotros en la situación de esa atormentada madre, cuando tras haber acudido a todos los mecanismos de la ciencia médica, esta, no le ofrece respuesta alguna?. ¿Que hacer en una situación así?. La excelente idea de situar el problema entre una madre agnóstica y un sacerdote en plena crisis de fé, me parece uno de los mayores aciertos del film. Friedkin es de aquellos directores de los setenta, que sustituían la falta medios económicos con esfuerzo e imaginación. Sin contar con la parafernalia digital de hoy en día, apoyándose básicamente en la luz y el sonido, consigue un clima de un magnetismo que te deja con la boca abierta. El director se rodeó de un solvente grupo de actores a los que la película, (salvo el caso del veterano Max Von Sydow) encasillaría para siempre; Jason Miller y Linda Blair serán de por vida el "Padre Karras" y "la Megan del exorcista". Hasta un músico de la talla de Mike Olfield es más conocido por esas ocho notas del maravilloso e inquietante "Tubulars Bells" que por cualquiera de sus otros trabajos. Destacar el gran trabajo de esa soberbia actriz que es Ellen Burstyn, ("Alicia ya no vive aquí","Requiem por un sueño") sobre la que descansa buena parte de la credibilidad del film. Este es uno de esos títulos que te pega a la butaca haciendo que te suden las manos, y se te seque la boca, de esas en la que el miedo no se olvida porque se queda grabado en la memoria. Los amantes seguidores del cine de terror, saben bien a lo que me refiero. Una película que pone a casi todos de acuerdo, y que no solo no se ha quedado vieja, sino que con el paso de los años ha seguido manteniendose ahí arriba como uno de los iconos del género.
Max 
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