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CRUCE DE DESTINOS
Seguramente 11:14 pase por la cartelera sin pena ni gloria, pero hay que agradecer a Greg Marcks, director y escritor de la película, su esfuerzo por debutar con un producto ambicioso más propio del cine independiente USA. Destino final es un buen ejemplo para observar las influencias que las nuevas generaciones van asimilando y corroborar algunos de sus vicios.
Un policía no da abasto durante su ronda nocturna. Tres adolescentes se preparan para pasar una noche por todo lo alto a bordo de una furgoneta. Un tiroteo en una tienda deja herida a la dependienta. En el cementerio local, un padre muy protector intenta borrar las huellas de un crimen que no ha cometido. Y Cheri, experta manipuladora, trata de conseguir dinero para un aborto. Antes de que acabe la noche, alrededor de la fatídica hora del título, dos adolescentes estarán muertos en Middleton, víctimas de un destino que entrelazará sus destinos.
Las historias de sujetos envueltos en desgracias alrededor de cuerpos anónimos fallecidos tuvo en Hitchcock una mano maestra para sacar humor de las situaciones más surrealistas en ¿Quién mató a Harry? (1955). Scorsese ahondó de lo lindo en lo que una salida nocturna y alocada puede provocar en ¡Jo, qué noche! (1985) Si a estos dos ejemplos, le añadimos la estructura narrativa que Tarantino elevó a los altares en Pulp Fiction (1994) , unos cuantos intentos modernos por imitarle (Go!, Spun, Las reglas del juego, Amores perros o Corre, Lola, corre), y el orden cronológico inverso de Memento (2000), tendremos la suma de 11:14, o por lo menos, sus pretensiones.
Las trabas que impiden un resultado mejor son pocas, pero de peso. Como Greg viene del mundo de los cortos, el largometraje se convierte en una sucesión brusca de cortometrajes, una conjunción dubitativa del drama y la comedia. Además, los personajes, apenas perfilados, y sus situaciones, no llegan a divertir demasiado a causa de su escasa originalidad (hay una excelente dedicada a las amputaciones). De entre los actores destacan una Hillary Swank pre-Oscar, que cumple con su limitado papel, y Patrick Swayze haciendo de nuevo de pseudo-predicador, papeles que no aportarán nada a ninguna de sus carreras.
La excelente música de Clint Mansell (Réquiem por un sueño), la creación de algunos momentos climáticos y el ágil montaje superan a una dirección que no consigue vaciar de vida real y de personas auténticas las películas artísticas, y sustituirlas por bromas genéricas y homenajes surtidos impregnados de exageración y pose. La superficie es ampulosa, pero carente de garra. De todas maneras no todo el mundo va a ser Tarantino, o al menos, no en su primera película.
La Maga 
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