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Voto de Vivoleyendo:
7
Voto de Vivoleyendo:
7
Romance. Comedia. Fantástico Estados Unidos, Gran Depresión. Mientras Cecilia trabaja como camarera en Nueva Jersey, su marido se dedica a hacer el vago. Su única distracción es el cine, al que va una y otra vez para evadirse de la dura realidad y soñar con un mundo de champagne, trajes de noche y fiestas elegantes. Una noche, el protagonista de su película favorita, "La rosa púrpura de El Cairo", se fija en ella y atraviesa la pantalla para conocerla. (FILMAFFINITY) [+]
28 de enero de 2009
54 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como el título de esta crítica se siente Cecilia, la protagonista de esta fantasiosa comedia de Woody Allen, cada vez que se evade de sus problemas en la sala de cine. Sus penas se esfuman y se ve ataviada con un vestido blanco y vaporoso, como si fuese Ginger Rogers bailando claqué con Fred Astaire. O una dama de alta alcurnia con trajes de diseño, sombreros coquetos y joyas, fumando cigarrillos con larguísimas boquillas y trayendo de cabeza al galán de turno.
Aunque a mi parecer no se trata de una de sus mejores comedias, Woody regala un sentido y tierno homenaje al séptimo arte. Aficionado a incluir guiños de numerosos clásicos, en esta ocasión no se conforma con eso; toda esta comedia adopta ese aroma inconfundible de los patios de butacas, de la penumbra en la que docenas de ojos brillan embelesados con la mirada fija en esa pantalla que es como una puerta a cualquier cosa. Pese a que creo que Woody podía haber dado más de sí mismo, sí admito que la fascinación por el arte del celuloide está plenamente condensada en esta hora y dieciocho minutos de largometraje. La duración justa para colocar ante nuestra vista un sueño recurrente: que la vida fuese como en las películas.
Woody se permite exteriorizar uno de esos sueños que la mayoría tenemos. Se salta las barreras de la lógica y de las distinciones entre lo real y lo ilusorio y, sin ánimo de crear una maravilla, agrada y enternece sin grandes alardes.
Con su estilo elegante, clásico, soñador y nostálgico al que ha añadido generosas dosis de fantasía, Woody elige a un ama de casa del montón, una don nadie de existencia gris con escasas perspectivas de felicidad, y la sumerge en su mayor ilusión, permiténdole soñar y tener al alcance de la mano todo lo que podría desear y lo que nunca imaginaría que le pudiese suceder precisamente a ella.
Realidad y ficción se mezclan con gracia, invitando al espectador a aceptar el simpático juego que Woody propone y a dejarse conducir de un lado al otro de la pantalla del cine.
“La gente real quiere una vida ficticia, y la gente ficticia quiere una vida real.”
En el cine todo es posible…
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