Varios años después, el director de esta gran obra decide producir la secuela, parece que le llegó la melancolía alguna noche y se decidió a llevarla a la pantalla más tarde de lo esperado.
Las escenas ya las conocemos, gran conversación, ya no de enamorados sino de viejos amigos que con su toque de simplicidad hace agradable de ver al espectador. Hay que destacar como en la primera obra, el gran trabajo de Ethan Hawke y de Julie Delpy que una vez metidos en el papel tratan el verso con tanta fluidez y cotidianidad (también hay que agradecérselo al buen trabajo de los dobladores españoles) la larga permanencia de las escenas obliga a estos actores a dar lo mejor de sí y no defraudan.
La parte negativa quizá es un argumento que no llega a las expectativas del espectador, parece que se vaya haciendo sobre el papel sin ningún fin que llegue a la categoría de la obra. También cabe decir que esta segunda parte no luce tanto los paisajes culturales como se hizo con Viena.
Esta dupla (primera y segunda parte) están consideradas este crítico que soy yo como una de las grandes obras del drama romántico.
spoiler:
En fin, la magia la conserva, pero el final es un interrogante, creo que decepciona al espectador, ya el final de la primera parte también pudo ser mejor, quizá sea este el motivo de su singularidad.