“Al final de la escalera” es una de las primeras películas interactivas que recuerdo, que te produzca más o menos miedo depende básicamente de ti. El guión es pasable-regular siendo generosos, tiene demasiados ingredientes que meros adornos y que no aportan nada a la historia, además de varias pistas falsas.
Sin embargo juega con ventaja. En el género de terror el tema de la casa encantada y los fantasmas resulta casi siempre. Que te acojone un hombre-lobo o un vampiro es más difícil, pero un espíritu es lo más normal.
Mucho mérito tiene también George C. Scott, puede que en su momento pudiera parecer una elección algo pasada de rosca, pero con los años y cuando vamos creciendo todos, es mucho más terrorífico y cercano que lo pase mal un abuelo que no un niño guapo de pasarela.
Siendo justos es posible que la película esté algo sobrevalorada, pero al menos consigue que con muy poco estés en tensión, ahora necesitan muchos kilos de pintura, vatios de sonido y un mareante montaje para lograr bastante menos.
Por cierto, si os contase lo que he visto en alguna sesión se espiritismo no dormiríais en dos semanas.
Un apunte sobre el final en el spoiler.
spoiler:
Sin ser la película una maravilla, su resolución no está al nivel del conjunto, no es un problema del director Peter Medak, sino del guión. El que la casa acabe incendiada es un recurso que ya para entonces era excesivamente tópico. En la literatura de Poe es habitual ese final, así como en las adaptaciones cinematográficas de Roger Corman. Pero incluso sin irse tan lejos en el tiempo, un año antes de “Al final de la escalera” tenemos la meritoria “Terror en Amityville” de Stuart Rosenberg que termina exactamente igual.
Nota: 6,8.