Los mayores monstruos son los más pequeños. Un tanto efectista, pero muy digna.
spoiler:
El amor imposible entre la bella actriz Ann Darrow (Naomi Watts) y el simio gigante es el motor de esta bonita historia. Carl Denham es un joven director obsesionado con hacer una película en una isla aún no descubierta por el hombre, y es esa ambición desmesurada lo que lo convierte en la verdadera bestia de la película. Todo se reduce a vender un hermoso y sagrado misterio por el mísero precio de una entrada.
La película está ambientada en Nueva York durante la Gran Depresión (1930-1939), y Ann Darrow es una hermosa actriz de un teatro que les cierran por falta de ingresos. A raíz de este hecho, no ve mejor opción que embarcarse en una aventura que la llevará a conocer al alma más sensible y humana que ha conocido nunca, pero encarnada en forma de mono gigante. El amor que nace entre ambos a medida que se van conociendo y aprendiendo el uno del otro es lo que los lleva a la perdición, ya que se trata de un amor imposible, una pasión que no cabe en un mundo dominado por los intereses económicos, lleno de seres tacaños, insensibles, egoístas y despreciables de corazón diminuto. De ahí la célebre frase que pronuncia el director ante el cuerpo sin vida del simio, "fue la belleza lo que mató a la bestia". Sin embargo, dentro de lo efímera que resulta su relación nos hacen pasar momentos inolvidables mirando unas impresionantes puestas de sol en la cima de la montaña más alta e inaccesible al compás de sus caricias. Es muy hermoso el paralelismo que se hace en la película entre la belleza salvaje de una tierra virgen y la gran ciudad cuando King Kong sube a lo más alto del Empire State Building con su amada para contemplar la misma puesta de sol que compartieron en aquel secreto rincón de la isla.
¿Qué importa lo que dure un sueño mientras sepas vivirlo plenamente?