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La tienda de la esquina
Gran comedia romántica, realizada por Ernest Lubitsch (1892-1947), que consigue filmar como premio de la MGM por el éxito de “Ninotchka” (1939). El guión, de Samson Raphaelson, colaborador habitual del realizador en estos años, adapta la comedia “Parfumerie” (1937), del dramaturgo húngaro Nikolaus Laszlo. Se rueda en platós de MGM Studios (Culver City, CA). Producido por Lubitsch para la MGM, se estrena el 12-I-1940 (EEUU).
La acción dramática tiene lugar en Budapest en 1937/38, durante las fiestas de Navidad. El encargado de una tienda de objetos de regalo, Alfred Kralik (Stewart), no simpatiza con la nueva dependienta, Klara Novak (Sullavan), contratada contra su opinión por Hugo Matuschek (Morgan). Alfred es el empleado más antiguo de la casa, donde trabaja desde hace 9 años. Es tímido, honrado, sincero, respetuoso, puntilloso en el trabajo y poco diplomático. Sus opiniones suelen chocar con las del Sr. Matuschek, que le aprecia y respeta. Klara es una muchacha joven, moderna, decidida y desenvuelta. Matuschek, el propietario, es autoritario y poco resolutivo. Le gusta intimidar a los empleados. El botones, Pepi Katona (Tracy), es ambicioso y algo vanidoso. El dependiente Ferencz Vadas (Schildkraut) es presumido y adulador. El otro dependiente, Pirovitch (Bressart), es callado, trabajador y amigo de Alfred.
El film suma comedia, romance y drama. Es una de las obras más populares del autor.
La acción gira en torno a dos personajes principales, Alfred y Klara. Las relaciones entre ambos dan lugar a discusiones y desavenencias continuas, que el paso del tiempo no consigue atenuar. Su desarrollo entra dentro de lo que es una lucha de sexos entre un hombre experto, competente, pero vulnerable, y una mujer novata, que exhibe agudeza, modernidad, conocimiento de la psicología de las personas e ideas nuevas. Entre los recursos de humor se cuentan, además, enredos, confusiones, malentendidos, opiniones contradictorias, iniciativas descabelladas, manías, sorpresas, extravagancias, rarezas, etc. El film es menos mordaz y cáustico de lo habitual. Consigue un excelente resultado con el juego que se establece entre la dulzura y el encanto del relato y la tristeza que se desprende de lances e incidencias de la subtrama. Con sutileza y sentido de la oportunidad, mezcla alegrías, expectativas esperanzadas y vivencias gozosas, con adulterios, rupturas de parejas, tentativas de suicidio, soledades, etc.
La acción se sitúa en un universo de personas sencillas y populares, a diferencia de lo que curre en la mayoría de los trabajos del realizador, dominados en general por la presencia de la alta sociedad, sus costumbres y sus prejuicios. La obra suma, equilibradamente, sentimientos, emociones, entretenimiento y humor.
(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
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spoiler: Los diálogos son chispeantes. Los personajes son deliciosos y forman un grupo variopinto y simpático. La atmósfera que envuelve la acción es fascinante. La pareja protagonista, en una de sus numerosas colaboraciones, destila encanto y magia. La superposición de tramas confiere a la historia una textura fresca y dinámica. El ritmo es rápido, intenso y sugestivo.
El film critica las convenciones sociales (espera de los empleados frente a la puerta de la tienda...), las actitudes despóticas del jefe, las órdenes arbitrarias, la adulación, la confusión de éxito con dinero, la tacañería del propietario, etc. Denuncia la falsa superioridad del criterio del jefe en relación con el de los subordinados, la frecuente falta de capacidad del propietario para tomar decisiones adecuadas dentro de los plazos de tiempo disponibles. Muestra la importancia de las pequeñas cosas como fuente de felicidad.
Uno de los errores que se utilizan como parte de los recursos expresivos y de humor es la errónea atribución de la novela “Madame Bovary” a Zola. Klara replica de inmediato que Zola no es el autor de la novela. Su advertencia constituye un símbolo de que ella no comparte los ideales transgresores de Emma Bovary. Por último, según palabras del propio Lubitsch, la obra está dedicada a los comerciantes y dependientes de comercio de Berlín de principios del s XX. En esta ciudad residió durante su infancia. Allí sus padres ejercieron el comercio y él trabajó como ayudante de los mismos. La figura del botones Pepi Katona tiene elementos autobiográficos (ingenuidad, suficiencia, ambición, etc.).
Las interpretaciones de Stewart y Sullavan son magníficas. También lo es la del conjunto del elenco. La música, de Werner R. Heymann (“Ser o no ser”, Lubitsch, 1942), ofrece una adecuada partitura de acompañamiento, hecha de melodías festivas, lúdicas e irónicas. Añade la melodía de la canción popular rusa “Ochi Tchormya” (Ojos oscuros). La fotografía, de William H. Daniels (“Ninotchka”, Lubitsch, 1939), creador de la imagen de Greta Garbo, desgrana una narración visual sobria, austera, equilibrada y clasicista, que pone al servicio del humor gestual del film y de la atmósfera mágica de la obra.
Miquel 
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