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Maravillosos pelucones rubios
Permítaseme empezar la crítica hablando de los pelucones rubios que llevan los niños. Creo que eso es lo que más miedo da de toda la película. Ver a un niño de dos años con una mata de pelo que nada tiene que envidiar a la de Richard Clayderman me ha trastocado infinitamente.
Ahora bien, un clásico del cine de terror pertubador de lo cotidiano; no el de la sangre y griterío, sino el de la alteración del bienestar y la tranquilidad a causa de fenómenos desconocidos, silenciosos y latentes.
Un principio perfecto que engancha, en el que se desarrolla acontecimiento tras acontecimiento, a cual más sorprendente, con un ritmo adecuado para que no te despegues. Sin centrarse en la parte más científica del comienzo, la trama llega un momento que se orienta hacia la parte moral: curiosidad ante el fenómeno, inquietud, dudas y miedo por convivir con esos niños. Hubiese preferido una trama más enfocada hacia la ciencia, así se hubiese explicado lo del injerto de la planta que recoge el profesor o la expansión del fenómeno a otros lugares. Pero también es considerable el hecho de no haber dado más explicaciones que pudiesen acabar desvirtuando la inquietud y tensión creadas.
Poco más que decir, un desarrollo bueno y pausado para una historia que me ha hecho interesarme también por la novela que adapta, "Los cucos de Midwich", de John Wyndham.
Si acaso no me ha gustado tanto el final. Desde que se conoce la idea, pero sin saberse los métodos, deseé que realmente no se cometiese como al final se hizo. En una peli sin efectos superfluos, el final me ha parecido un tanto efectista.
Boquepa 
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