spoiler:
—No, que va, tenemos prohibido mirar a los críticos a la cara, ¿sabe?, pero olía mucho a alcohol, como si se hubiese estado armando de valor, no me extraña, porque para escribir algo así. Usted no sabe con que directores comparaba este señor al Alejandrito éste—se persignó—con qué directores, qué manera de alabar sin freno oiga. Luego se largó, y fue cuando aproveche para huir. Me mande por messenger a la estación de metro más cercana y han tardado dos días en abrirme, el resto ya lo conoce.
—Pues lo siento, pero te voy a llevar a un hospital, allí te valorarán mejor.
—No, por favor, allí también puedo ser fusilada, no quiero pasarme la vida convaleciente, mátame.
—Me recuerdas mucho a Sampedro,¿sabes?
—No se, no leo mucho la biblia, ese es el que tenía las llaves,¿no?
—Ya veo que tampoco has visto Mar adentro,¿eh?
—Ya me habría gustado ya, pero nunca he salido de Madrid, ya ves tú.
Empezaba a cansarme de tanta cháchara asi que decidí coger a la CSVA quisiera o no. La agarre fuertemente de la valoración(10), que estaba intacta, y tiré hacia arriba. Soltó una sintaxis de dolor. Ya la había liberado casi del todo cuando algo llamó mi atención, la firma estaba casi intacta en la parte inferior derecha, leí: Cast#¬do s~n cen€r. La solté y estuve a punto de caerme.
Entonces empecé a recordar, eran fragmentos, fragmentos de una borrachera, yo viendo abre los ojos a las dos de la mañana, yo acabándome a palo seco una botella de Cacique, yo escribiendo una crítica casi febril a las cuatro de la mañana, yo saliendo a la calle a tomar el aire a las cuatro y media, me quedé dormido en la calle junto a una farola, y al despertar al día siguiente no recordaba nada. Hasta ahora.
La CSVA me miró como si adivinara mis pensamientos, pero no pudo hacer nada, saqué una goma de Milan del bolsillo y acabé con lo que quedaba de ella, no sufrió. Luego caminé hasta el último vagón y volví al andén, la multitud seguí amontonándose. Ya no verían nada.—pensé. Al salir le guiñé un ojo a Ana Torrent que aún andaba husmeando por ahí.
Despues de todo, yo tampoco quería ser fusilado, y además quien iba a reclamar a una CSVA, no solían tener familia. Con paso tranquilo subí las escaleras del metro hasta la calle. Un mimo recolectaba miradas en la acera de enfrente. Empezó a llover..........