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En busca del orgasmo
La pregunta del millón de orgasmos: ¿Tenía “Ken Park” también un 7,2 de media en la semana de su estreno y bajó a un 5,6 en cuatro añitos?
En “Garganta Profunda” (1972) el Dr. Young (Harry Reems) revelaba a Linda Lovelace que su clítoris se encontraba oculto en su garganta. A partir de ese momento el cine porno no volvió a ser igual y su sombra ha sido tan alargada (recuérdese la conversación en una cena de la estupenda “La tormenta de hielo”) como letal para sus protagonistas (véase el interesante documental “Inside Deep Throat”).
“Shortbus” puede recordar en una de las tramas principales que protagoniza Sofia (Sook-Yin Lee) a las incursiones sexuales de Lovelace y se agradece que ese sexo explícito con el que ameniza la velada John Cameron Mitchell, que ya deslumbró con “Hedwig and the Angry Inch”, sea uno de los mayores atentados contra la sociedad conservadora americana aparte del pezón de la Jackson. Una vuelta a la ‘luz’ sexual de los sesenta tras un apagón por parte de la opresión de censores, del fanatismo religioso y los políticos republicanos de EEUU.
Pero aparte de esos insertos animados que reflejan de manera diferente un Nueva York post 11-S y la improvisación de sus actores veo poco o nada de sus supuestas emociones entre tríos, automamadas, posturas del kamasutra, sado blando, eyaculaciones candidatas al mayor salto de distancia y karaokes a capela escrotal-anal del himno americano.
Ni me llama la atención, ni me incomoda y no me sorprende en lo más mínimo.
Tampoco me enamora su simplista historia aunque algunas secuencias posean muchísima belleza (la búsqueda onírica del orgasmo y James desnudo e iluminado por las velas en una ventana).
Tal vez se deba a la sobredosis de Russ Meyer, John Waters, Paul Morrissey y cine porno ya sea en su vertiente clásica (“Garganta Profunda”), casposa (“El potro se desboca”) o hardcore (la filmografía de Rocco Siffredi entre otros).
Pero lo peor de “Shortbus” es que denota que si el cine indie americano tiene que recurrir a lo explícito (“Ken Park”) para llamar la atención de las mentalidades más cerriles vamos por muy mal camino para que otros encontremos el otro orgasmo, el cinematográfico.
Otros cineastas como Haneke, Von Trier o Dumont han incorporado la pornografía en alguno de sus filmes como recurso, Cameron Mitchell, Larry Clark y la propia Janet Jackson como un simple efecto de impacto que causa las mismas consecuencias del cine porno: sin secuencias explícitas no queda absolutamente nada que contar.
Maldito Bastardo 
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