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El nuevo destino del western
Un western diferente. Dos cowboys lindos, pulcros, inteligentes, sensibles y con buen gusto. Además de todo lo anterior, dos legendarios asaltadores de trenes y bancos. Y dos grandes actores, por supuesto, junto a un gran director. El dúo pega en todas y nos binda lo mejor de sus dotes actorales. Claro, uno se acostumbró a esos westerns serios, violentos, machistas y pendencieros. Pues este film descoloca todo. Incluso tiene poesía en esa bellísima escena de la bicicleta en la cual sorpresivamente aparece para encantar la música de Bacarach. Nos tendremos que acostumbrar a su tono. Deberemos admitir su valía como película. Párrafo especial para su director, quien realiza una labor delicadísima en todo los planos. También está la gran fotografía del film que nos permite apreciar las descomunales montañas del Colorado en todo su esplendor y relieve paisajístico. Ah, cierto, tampoco me olvido de la belleza cegadora de Katharine Ross. Pero a pesar de todo está el final. Porque aunque revoluciona estándares genéricos, sigue siendo en esencia un Western. Película que permanecerá siempre incólume al tiempo y al olvido.
cinéfilocrispado 
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