|
Cuatro litros de leche.
Supongo que hacer un remake debe ser toda una tentación para cualquier productor. Ante la falta de ideas que asola Hollywood, actualizar, dar a conocer a un nuevo público una buena historia ya contada con anterioridad, suele conllevar un éxito de taquilla fácil. Desde el punto de vista del director el asunto ya me ofrece más dudas. Sabe de antemano que difícilmente hará olvidar al original, si se aparta demasiado de este puede ser acusado de no respetar la esencia de la historia, y si realiza algo demasiado parecido le reprocharán el haberse limitado a hacer un calco. En el caso que nos ocupa, Tony Scott parece optar por algo intermedio. Ya desde los títulos de crédito iniciales advertimos su estilo propio, nos anuncia que nos podemos ir olvidando de la sutileza de la película de Joseph Sargent, que aquí va a primar el golpe de efecto visual y sonoro. Pero la esencia del “primer Pelham” sigue ahí. La tensión y la angustia de la cuenta atrás sigue siendo la base de una historia y el juego dialectal que establecieron en el original Walter Matthau y Robert Shaw, es ejercido por la pareja Whasington-Travolta con la misma eficacia, si bien substituyendo la ironia que reinaba en la primera por el histrionismo y una cierta tendencia redentora que campan en la nueva versión.
“Asalto al tren Pelham 123” es una película de una factura impecable, que gustará sin duda a quienes desconozcan el original, pero a la que le pierde su deriva al thriller convencional. Ha ganado en atractivo visual, eso es innegable, pero narrativamente hablando el cambio le ha sentado fatal. Scott lo arriesga todo a los “fuegos artificiales” y se olvida de dar cualquier opción a la contención y a la originalidad, obteniendo un resultado, sobre todo en el último tramo de la película, decepcionante y que a punto está de echar por tierra un más que aceptable desarrollo anterior. Todos los que esperábamos un golpe de genio como el que cerraba el precedente, nos quedamos con un buen palmo de narices.
Lo mejor: un John Travolta que recupera el registro de su personaje en el “Cara a cara” de John Woo.
Lo peor: un último cuarto de hora para olvidar.
AMQE 
|