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Taxi Driver 2
[Atención: si no has visto Taxi Driver, no sigas leyendo]
De acuerdo, situémonos: Travis Bickle (genialmente interpretado por De Niro) era un pringado que, un buen día, se harta de la vida y empieza a liarse a tiros con todo bicho viviente. Entre sus víctimas, se encuentra un proxeneta melenudo (Harvey Keitel) que posee una esclava a su merced, la pequeña Iris (Jodie Foster). Sorprendentemente, el asunto sale bien y la niña vuelve al lado de sus amados padres que, junto con la prensa, elevan a Travis a la categoría de héroe. Hasta ahí, la cosa marcha sobre ruedas... pero, ¿y si no fuera tan fácil como parece? ¿Y si Iris (naturalmente, no se trataría de su nombre real) creciera en un clima cálido y acogedor, se cambiara el nombre por Erica, prosperase en el mundillo de la radio y conociese al hombre de sus sueños? ¿Y si una fatídica noche los bajos fondos que creyó dejar atrás, los fantasmas del pasado, volvieran a reclamar lo que es suyo? ¿Y si...?
Como era de esperar, "The Brave One" tarda bastante en arrancar; y por arranque no me refiero a la amargura que produce la soledad, ni a las contradicciones morales, ni al sentimiento de culpa, sino a los disparos a bocajarro y a la mala leche de la protagonista. Por fortuna, tanto de unos como de la otra, Jodie Foster va sobrada y el filme no se convierte en un cúmulo de lamentos sobre la triste asesina por accidente. Aunque ello, bien es verdad, no evita la aparición de algunos tópicos habituales del thriller estadounidense; dosificados, bien disimulados bajo un eficaz tapiz de brutalidad por encima de la media, pero tópicos al fin y al cabo. Desde el detective comprensivo y bonachón, pasando por los polis burócratas e incompetentes, hasta los villanos de cartón-piedra (estos últimos, en lugar de personas, parecen dianas de tiro al blanco), banda sonora absolutamente anodina, etc.
En cualquier caso, la mayor sorpresa que depara esta cinta es precisamente lo que la convierte en sucesora natural de Taxi Driver. ¿Piensas en Foster? ¡MEEEC! Error. ¿Piensas en que las dos son películas de justicieros con más cojones que Charles Bronson? ¡MEEEC! Segundo error. No, lo que ambas comparten se basa en un posicionamiento nada convencional a favor de la pena capital, sin paliativos. Lástima que el viejo Ojo por Ojo casi nunca resulte tan justo como lo muestra Hollywood. Después de todo, hay cosas mucho peores que la muerte y el hombre, mal que nos pese, es un lobo para el hombre.
El bigotazo de Josh Brolin 
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