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Voto de JVMarq:
7
Voto de JVMarq:
7
6,7
3.697
Romance. Drama. Comedia
Unos personajes buscan desesperadamente el amor en las noches de Los Ángeles. Entre fracaso y fracaso, piden consejo a la doctora Nancy Love, la responsable de un consultorio radiofónico, que apenas tiene experiencia ni en el amor ni en el sexo. Todo cambia cuando la psicóloga se introduce en sus vidas y se ve envuelta en el círculo de dos amantes: un enigmático vagabundo y la propietaria de un club nocturno. (FILMAFFINITY)
22 de septiembre de 2011
22 de septiembre de 2011
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Elígeme suscita y recuerda una epoca algo denostada, y sin embargo la formula funciona si se mira con la debida distancia. Aunque no se puede negar que para todo el mundo no sera tarea sencilla salir de este club con una medio sonrisa en la cara y entresacando el palillo de entre los dientes a lo Sinatra.
La película de Alan Rudolph relata, pues es un relato pasional, los amoríos que se producen en la ciudad de Los Ángeles, pero muy especialmente en un punto concreto, lo que les sucede a esas personas no es exclusivo de aquel lugar, pasa en todas partes.
Los personajes se encuentran, se observan, se obsesionan e incluso enloquecen, pues no en vano el varón, interpretado por Keith Carradine, dice haber salido del psiquiátrico, e incluso nos invita a la reflexión de la locura colectiva. ¿No estamos todos un poco locos en este a su vez loco mundo?.
Hay estrellas fugaces que observar en el firmamento angelino, como Rae Dawn Chong, que vivió en los ochenta su etapa dorada con algún titulo renombrable, compartiendo poesía con un desconocido.
También hay varias apariciones más fugaces si cabe todavía de John Larroquette, que alguno recordara como el fiscal de Juzgado de guardia. Es decir, la cosa no puede rondar más aquella época.. Aunque las que brillen largo tiempo sean otras, ya sea por la atracción del trió protagonista, o por cualquier otra razón.
Carradine enamora al instante cual galán, incluso truhan de cine negro. Juega con corazones solitarios como si se tratase de una partida de billar o de poker. Una apuesta arriesgada, quizá sea la locura nocturna, quizá sea que ese Mickey al que da vida provenga de Las Vegas. Geneviève Bujold escucha y aconseja a través de las ondas, difunde el aliento que necesitan esas llamadas anónimas. Y Ann Warren interpreta a una de esas personas, la ultima pieza, y cae bajo el influjo, se deja llevar.
Los personajes revolotean entre las luces que alumbran la noche, y claro, se enamoran a primera vista, al primer beso.
Todo parece empezar cada vez desde el principio, y cuando te das cuenta llevas varias manzanas andadas, ya te has alejado de ese local de halcones nocturnos, buscando refugio, solo o acompañado.
Los letreros luminosos lo dejan claro, se trata de una película con un estilo tan anclado en su época, tan propio de los ochenta, y al mismo tiempo tan vigente por lo que nos cuenta que te deja como hipnotizado viendo la vida transcurrir. No es película para aquel que no guarde cierto aprecio hacia aquellos años pasados, eso desde luego.
La película de Alan Rudolph relata, pues es un relato pasional, los amoríos que se producen en la ciudad de Los Ángeles, pero muy especialmente en un punto concreto, lo que les sucede a esas personas no es exclusivo de aquel lugar, pasa en todas partes.
Los personajes se encuentran, se observan, se obsesionan e incluso enloquecen, pues no en vano el varón, interpretado por Keith Carradine, dice haber salido del psiquiátrico, e incluso nos invita a la reflexión de la locura colectiva. ¿No estamos todos un poco locos en este a su vez loco mundo?.
Hay estrellas fugaces que observar en el firmamento angelino, como Rae Dawn Chong, que vivió en los ochenta su etapa dorada con algún titulo renombrable, compartiendo poesía con un desconocido.
También hay varias apariciones más fugaces si cabe todavía de John Larroquette, que alguno recordara como el fiscal de Juzgado de guardia. Es decir, la cosa no puede rondar más aquella época.. Aunque las que brillen largo tiempo sean otras, ya sea por la atracción del trió protagonista, o por cualquier otra razón.
Carradine enamora al instante cual galán, incluso truhan de cine negro. Juega con corazones solitarios como si se tratase de una partida de billar o de poker. Una apuesta arriesgada, quizá sea la locura nocturna, quizá sea que ese Mickey al que da vida provenga de Las Vegas. Geneviève Bujold escucha y aconseja a través de las ondas, difunde el aliento que necesitan esas llamadas anónimas. Y Ann Warren interpreta a una de esas personas, la ultima pieza, y cae bajo el influjo, se deja llevar.
Los personajes revolotean entre las luces que alumbran la noche, y claro, se enamoran a primera vista, al primer beso.
Todo parece empezar cada vez desde el principio, y cuando te das cuenta llevas varias manzanas andadas, ya te has alejado de ese local de halcones nocturnos, buscando refugio, solo o acompañado.
Los letreros luminosos lo dejan claro, se trata de una película con un estilo tan anclado en su época, tan propio de los ochenta, y al mismo tiempo tan vigente por lo que nos cuenta que te deja como hipnotizado viendo la vida transcurrir. No es película para aquel que no guarde cierto aprecio hacia aquellos años pasados, eso desde luego.
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