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LA NIÑEZ, UN TESORO DE INCALCULABLE VALOR
Tuve el placer de revisionar esta absurda patata de Spielberg en presencia de una encantadora niña de 11 años. Por supuesto que mi atención estuvo centrada más en los comentarios y las reacciones de la pequeña que en las chorradas supinas que Steven mostraba en pantalla, en primer lugar porque ya me tragué este film tropecientas veces, y en segundo lugar porque me propuse prestarle tan sólo la atención necesaria para poder gestionar una crítica en esta web.
Recuerdo que, cuando visioné por vez primera el film, hacia 1992, quedé alucinado, y me marcó como ninguna otra película. Claro, tenía yo 10 años, los mismos que el film. Ahora puedo comprobar que, efectivamente, no es una película apta para todos los públicos, y no sólo eso, sino que a las nuevas generaciones no les causa una impresión tan grande como la que me causó a mí a esa edad, a juzgar por las reacciones de la niña que nos acompañaba, que si bien se mostró entusiasmada con el monigote interplanetario, no dio muestras de una emoción desmedida.
La película es una basura de aires pachangueros que Spielberg (como es su costumbre) intenta disfrazar de cine de altos kilates. Tiene unos fallos en el argumento y unas salidas en la trama que dan vergüenza ajena. El directorcillo se toma la libertad de dar pasos gigantescos en la construcción narrativa sin molestarse en explicar más que lo necesario para entretener, y todo parece quedar en el aire. Las actuaciones no son nada del otro mundo, y el bicho es repelente a más no poder.
La secuencia de los científicos que entran escafandrados en plan sobresalto me pareció exagerada e inexplicable (¿acaso no son humanos capaces de explicar a otros humanos lo que hacen allí?). La inocencia con la que Spielberg tapa los huecos argumentales me parece cruel para con el espectador que supere los 14 ó 15 años de edad, y toda la trama no es más que una tomadura de pelo.
Lo que salva un poco al film es, una vez más, el soberbio trabajo de John Williams en la composición de la banda sonora, una de las más emotivas que ha creado, y que con justicia ha pasado a la historia. También los efectos especiales son sobresalientes, y la colocación de las cámaras que, como siempre en Spielberg, es acertadísima.
También destaca, claro, la escena emblemática de la bici sobre la luna, muy bien realizada.
Pero nada más. Si ya es difícil contar una historia de extraterrestres con algo de cordura, que se la encarguen a este payaso endiosado es el colmo. ¡Qué mundo este del cine!
Otro film basura del pintamonas de Steven que, aparte de apuntar a un público muy específico, ha demostrado que envejece fatal, y que no conmueve a la generación de la Xbox.
Lo siento, Steve, seguro que tus intenciones eran buenas. Pero siempre puedes “telefonear a casa” y montar una juerga para celebrar el éxito de taquillas, tío chapuzas.
LO MEJOR: La banda sonora.
LO PEOR: El alienígena, desagradable a más no poder.
LEANDRO PINTO 
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