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Iniciación a la vida
Balzac y la joven costurera china nos ofrece, con una fuerte componente lírica, y auxiliada, para su puesta en escena, con el majestuoso entorno geográfico en el que se desenvuelven sus exteriores, la enésima revisitación de los ritos iniciáticos de un grupo de jóvenes cuyo nexo de unión es, en este caso, su pasión por la literatura.
Su lirismo la hace llegar a incurrir, en momentos puntuales, en algún exceso sensiblero, más aún si tenemos en cuenta que la trama está intencionadamente desprovista de cualquier arista particularmente afilada (la subtrama que se desarrolla alrededor de la reeducación de los dos protagonistas masculinos en un campo de trabajos rural va perdiendo fuerza a medida que va avanzando el metraje, y, en ningún momento, muestra episodios potencialmente duros), pero eso no priva al film de un tono general bastante acertado: sensible, tierno y subyugante.
En resumen, nos encontramos ante una producción de visionado dulce y agradable, de los que dejan un agradable regusto tanto por la belleza de sus imágenes como por la ternura que se desprende de los sentimientos que pueblan el desarrollo de su trama.
Manuel 
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