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Detrás de lo humano
Klots esta ahí, agazapado, parece una fiera al acecho. Cada plano, cada molécula de aire, cada rostro borroso, la inercia, la estática. La cuestión...es una película estática, dura como ladrillo desde la fluidez de una narración áspera: ¿que hay realmente de humano en estas cuestiones? Si a cada escena contemplamos taciturnos, a eso nos lleva esa atmósfera, el circo romano silencioso de una naturaleza muerta. Los sentimientos parecen vedados, imposible escuchar cualquier sonido conmovedor, que a estas "siluetas del día" se le erizan los pelos.
Quizás esa misma parsimonia que desprende la peli, como si avanzar con la trama significara moverse por un sendero pantanoso, hace difícil su digestión. La cuestión humana es tan ríspida que por momentos paga su monumental puesta en escena, su estilo tan peculiar, con una abulia por parte de un espectador que no quiere caer tan bajo, pero que no sabe como remontarse ante semejante paisaje cubista: es que a veces la frialdad fragmenta todo fluir vital de una obra, y en este caso el objetivo está tan logrado que termina por devorarse a sí mismo.
Juan Rúas 
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