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Aviso: Por cada voto negativo que reciba esta crítica aumentaré mis emisiones de CO2
Imagine que yo fuese una persona que se dedicase a viajar por el mundo para dar discursos sobre el amor y la paz mundial y, a los pocos días, las fuerzas de seguridad encontrasen en mi casa un inmenso arsenal y material suficiente para fabricar bombas. ¿Qué credibilidad tendría después de eso? Supongo que cero.
Pues aquí ocurre algo muy parecido, es decir, tenemos a un señor que se divierte viajando en avión por todo el mundo mientras juega con su portátil para, una vez en tierra, dar charlas a un grupo de catastrofistas que no paran de quejarse e ironizar sobre las opiniones de quienes piensan lo contrario. Seguro que ninguno de ellos va al trabajo en bicicleta con todo el calor que hace, apuesto a que tampoco renunciarán a su aire acondicionado en verano o a su calefacción en invierno al igual que tampoco van a apagar su ordenador para ahorrar energía. Nadie se apunta a eso, ahora, a lo que si que se apuntan es a disparatadas iniciativas como apagar sus aparatos eléctricos durante unos segundos con la falsa esperanza de cambiar el mundo. ¿Cómo vamos a cambiar el mundo o llamar la atención? ¿Con un apagón?
Y mientras usted se cree toda esta exagerada y catastrofista teoría que este documental nos muestra, Al Gore, vive en su mansión de veinte habitaciones gastando veinte veces más energía que una familia media (unos 24.600 € de factura con los cuales me podría comprar un Mercedes). ¡¡¡Eso si que es “una verdad incómoda”!!!
Resulta bastante fácil ir de “verde” y de ecologista por la vida mientras se hace todo lo contrario de lo que se defiende sólo de boquilla.
Si tanto miedo nos daba el cambio climático: ¿Por qué no actuamos cuando aún estábamos a tiempo? Ahora la cosa es imparable y a todos nos entran unas ganas enormes de... ¿intentar frenarlo o intentar ganar dinero?
Y es que, al final, suele pasar lo que pasa con todo, es decir, que esto se ha convertido en un negocio bastante rentable, ahora todos se apuntan y se pelean por subirse al carro del cambio climático. Pruebe usted a pedir subvenciones para hacer un documental sobre los osos polares y no verá un sólo euro, por el contrario, pruebe a pedir subvenciones para la investigación de cómo afecta el cambio climático al oso polar y, lo más seguro, es que ese proyecto saldría adelante con mucha más facilidad que el anterior.
Lo dicho, yo no pienso cambiar mi ritmo de vida para contentar a un grupo de charlatanes que se divierten pregonando el fin del mundo mientras se llenan los bolsillos.
Agitador Nokturno 
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