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¡Mira que tengo mala folla!.
“Bajo las estrellas” es, digámoslo así, una mixtura un tanto agraciada de aquella hermética y extrema “Pau y su hermano”, de Marc Recha, y “Un mundo perfecto”, de Clint Eastwood. Con añadidos de poesía vital, cierto halo de “western” y una comicidad entre mordaz y desfavorable. Félix Viscarret se denota compulsivo cineasta de emociones amaneradas, y es una pena que haya preferido desenvolver su primeriza astucia fílmica entre fogones de artillería (la relación con la niña, ese seudo-romance final con Emma Suárez) y no componer un soneto críptico y desolador sobre las espaldas de su protagonista principal, quién pierde fuerza, y coherencia, a medida que avanza el relato.
“Bajo las estrellas” no es una película redonda, ni mucho menos. Y puede que tampoco consiga (al menos de forma contenida) sus prologas expectativas, pero tampoco desdeñemos un film calmado y bonito, triste y audaz, con un tono de melancolía tan sobria que más quisieran algunos. Hay situaciones forzadas hasta el extremo (el primer encuentro con la niña), otras netamente maniqueas (el incidente en la carretera y las miradas cómplices de los dos hermanos), pero ya bien sea por esa última y desgarradora conversación entre San Juan y Villagrán ante las esculturas, que este debut clásico y con sabor añejo aprueba. Pelado, pero aprueba.
Lo mejor: Alberto San Juan, espléndido.
Lo peor: El final.
Clark 
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