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Zumo de escarabajo pelotero
¡No puedo con Michael Keaton! No aguanto su cara, ni siquiera camuflada entre los cráteres del maquillaje. Tampoco puedo con esa cutrez de diseño, extremadamente cara y supuestamente fashion, en la que tan a menudo deriva el estilo de Tim "Burdo". Ed Wood y Big Fish, ¡y pare usted de contar! Todo lo demás es pura sosería y extravagancia de la mala. Sin embargo, al igual que me sucede con el nefasto director Santiago Segura, el bueno de Tim me cae simpático y tiendo a quedarme sólo con lo positivo: Algún que otro movimiento de cámara, como el recorrido descendente de las escaleras hasta llegar al hall de la mansión de los Cútrez; algún que otro destello de humor negro, como la escena en la que al fantasma envejecido de Alec Baldwin se le cae la mandíbula inferior y su amantísima esposa la recoge, solícita, tratando de recolocarla; alguna que otra idea meritoria, como el hecho de presentar el más allá en forma de infecta versión de la burocracia imperante; algún que otro toque de distinción, entre Poe y Kafka. Y poco más. El diseño de producción, lamentable. La iluminación, de vergüenza. El mundo recreado, de mal cartón piedra. Los actores, buaj. El guión..., ¿pero acaso lo hay? Lo dicho, que sigo aborreciendo a Michael Keaton.
Servadac 
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