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I was in the lounge, I heard you drowning, I finished my tea and scones and came immediately!
Un cineasta que rueda una película al año, siguiendo en la mayoría de los casos las mismas pautas fílmicas, resulta complejo a la hora de evaluar su evolución autoral sin caer siempre en los mismo adjetivos. Porque nos guste o no (y lo digo en el mejor de los sentidos) el cine de Allen no evoluciona, siempre es el mismo. Y “Scoop” no es una excepción. Por lo que tildarla de “un Allen menor” es tan banal como ridículo. El problema viene cuando todas las comparación se remontan, incesantemente, a la estúpida e ininteligible comparación con “Match Point”, film redondo dentro de su filmografía que, como ocurre de vez en cuando, es una agradable excepción a la regla. Y es que da la sensación de que Allen necesita, para que se le tome en serio como cineasta adulto, filmar cada un tiempo una película, digamos, “dramática”, o más seria que cómica. Y “Scoop” es el precio que un legendario viviente como él debe de sacrificar, tras la avalancha de criticas positivas vertidas sobre el ya citado, y previo, film.
Eso me lleva a pensar que quienes veneran el cine de Allen, de tanta repetición (ya se que suena mal), consiguen refrescarse con “obra mayores” como “Melinda and Melinda”, para despacharse a gusto con un divertimento tan sano como “Scoop”. Pues bien, este último, paradigma máximo del depurado estilo de su máximo responsable, ofrece lo que todo buen fan de Woody Allen debería demandar, porque es una esperpéntica mezcla de algunas de sus obras más logradas, a saber: una deliciosa y nada banal trama policíaca con asesinato en medio que remite, cómo no, a “Manhattan murder mystery”, pero con muchísima más lucidez y mejor control sobre el tempo, a la vez que experimenta una inmensa capacidad mutatória cómica, manteniendo su estilo pero revitalizando su humor de un modo más”juvenil”, como ya venia probando, sin acertar de lleno, en “Anything Else” o “Hollywood Ending”.
Dicho esto, “Scoop” no debería verse como la recaída autoral de un cineasta tan prolifero después de una de sus películas más alabadas, sino casi como todo lo contrario: porque ya no hay duda de que Allen, aunque a muchos les moleste, prefiere embutirse en tramas metafísicas en las que explorar sus cualidades cómicas en vez de tener que confeccionar retorcidas tragedias griegas para afierados críticos y audiencias culterotas. Y es que Allen nunca nos lo había puesto tan fácil: él prefiere, para que nos entendamos, reírse de la burguesía en vez de rendirle pleitesía. Puede que “Scoop”no sea hilarante, es más, tan solo tiene tres golpes memorables (la primera aparición de Allen como prestidigitador, la escena en la piscina, y Allen haciendo un infame juego de cartas a los ricos Londinenses durante la primera fiesta a la que son invitados), pero aunque tan solo sea por eso ya merece (y mucho) la pena.
Lo mejor: Volver a disfrutar de Wody Allen interpretándose a sí mismo.
Lo peor: Quien diga que es una obra menor.
Clark 
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