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Yo confieso, tú confiesas, él confiesa...
Todos confiesan.
Quizá sea esta última la excusa narrativa de esta película de sir Alfred en su ciclo americano, porque pocos personajes hay en el metraje que no tengan algo que confesar o una cara oculta que poco a poco (reitero, muy poco a poco) se destrama. A pesar de todo, Hitchcock mantiene la habilidad de regalarnos algunas prodigiosas combinaciones de planos con la consabida inverosimilitud de muchos de los argumentos y desenlaces de sus películas. A "Yo confieso" le le falla eso precisamente, los argumentos, el final y el interludio, con una confesión femenina en flashback que se hace eterna y rompe el ritmo. Carente de la fina ironía a la que "el jefe" nos tiene acostumbrados a los amantes de su cine, Yo confieso, juega mal las cartas y desenlaza torpemente.
Chus 
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