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La habitación del pánico
El tipo corriente, hábil con la palabra y la educación por delante, ¡usted primero caballero!, inteligente y resabiado, ¡Sapientín!, mirada viva y feroz, y las cejas curvadas al igual que los signos de interrogación, jamás lo he soportado. Expresión de “esto no es así y descubriré qué ocurrió, sospecho aunque no haya indicio alguno. Continúe por favor” y malabarista de las pistas falsas, ficticio personaje lúcido, pero también inaguantable. Y es que, ¿alguien no se imagina cómo termina tal invento? Que conste, que una película con final predecible no me parece criticable por este detalle, pero sí por ser previsible desde su comienzo con los discursos marcados y la metamorfosis conocida de los personajes influidos por la conducta admirable del protagonista.
Aunque no llevase lupa ni pipa ahumada Sherlock Holmes estaba sentado en aquel juicio, de jurado.
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El ritmo activo y la facilidad de visión la hacen accesible, muy accesible. Es decir, que la película no pesa y se nota, por ello la elevada puntuación que tiene en la página.
Otra de esas cintas que tienen más mérito teatral que cinematográfico.
PD. Me gustan las cintas con carga teatral, pero por lo menos las pido que la potencia visual vaya ligada al magnetismo, y ésta, por desgracia, no tiene tales características. Ni una ni otra.
Dromedario 
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