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Ahora con color y glamour británico.
Es inevitable apartar recuerdos adolescentes al hablar de esta mítica película de la Hammer británica, así como de los efectos que tuvo en el universo de Drácula. Hasta entonces la imagen del vampiro era casi una exclusiva de Lugosi, a partir de este extraordinario film Christopher Lee seria la nueva cara para las jóvenes generaciones. La productora Hammer le dio un nuevo aspecto, ese look único e imperecedero de propia de la factoría británica. El Drácula de Fisher es un compendio de situaciones tensas y ambiguas que juegan con los protagonistas mezclando sentimientos de todas clases. El vampiro representado por Lee es un ser moral cuyo destino le obliga a ser independiente, a no tener una implicación estrecha con el ser humano y se ve obligado a refugiarse en sus propios instintos de supervivencia. Tenemos también a su enemigo y perseguidor más inagotable, el Doctor Van Helsing encarnado en esta ocasión por un acertadísimo y excepcional Peter Cushing, bandera indiscutible de la productora con quien realizaría innumerables películas, la mayor parte de ellas secuelas. Un brillante film, referencia de un mito del que se ha hecho todo tipo de composiciones cinematográficas, en las que destaca esta versión junto a la olvidada de Badham del 79 y especialmente la de Coppola del 92.
Callahan 
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