|
El giro de marras
En los albores de este arte, surgió el cine negro, y con él cintas como "Perdición", "La senda tenebrosa" o "Encrucijada de odios" y la gente quedaba anonadada ante ellas.
Poco después, llego Hitchcock y sus dramas que se retorcían, como "Marnie, la ladrona" o "Rebecca", entre otros, y el público flipaba.
Unos años atrás, este factor se impondría a películas como los giallos italianos o incluso a cineastas patrios, que con trabajos como "La residencia", "Rojo oscuro" o "El pájaro de las plumas de cristal" lograrían sorprender a más de uno
Mucho más tarde, llegada la década de los noventa, el thriller padeció el mismo efecto, y con películas como "Sospechosos habituales" o "Se7en", logró dejar a más de uno con dos palmos de nariz.
Sin embargo, y como todo degenera, en este caso sucedió lo mismo, y terminó llegando el infumable giro final, dejando a medias films como "Alta tensión", "Dead end" o muchos otros.
Y en "Dead silence", este factor no se aleja de ella, pues contiene otro de esos giros finales de marras que pueden hacerle pensar a más de uno que se halla ante una tomadura de pelo, en cambio, este es un giro habilidoso y del todo explicable, que concuerda a la perfección con lo narrado anteriormente y, aunque parezca farragoso, tiene su eje bien fijado.
En cambio, no diré que la segunda cinta de Wan se aleje de los tópicos, porque no sería cierto (ya se sabe, protagonista investigador, policía que le persigue, algún que otro giro inesperado, etc...), pero por lo menos sabe sobreponerse a ellos suficientemente como para, sin crear una atmósfera demasiado palpable, sí recurrir a todos los elementos en pantalla como para confabular un desasosiego bien logrado, ya sea gracias a la iluminación, a esa peculiar banda sonora o al uso de planos entrecortados que se van sucediendo, y la verdad, es que la cosa funciona bastante bien.
Así, el realizador de "Saw" opta aquí por darle un transcurso lineal a su historia, e irnos introduciendo en ella con leves pero efectivas pinceladas, algún momento de conseguida tensión, un interés que va creciendo paulatinamente por los hechos acontecidos y un personaje principal que, como mínimo, actúa en consecuencia y tampoco resulta excesivamente arriesgado como para que pueda ser tildado de estúpido.
Si hubiera que achacarle algo, ese algo quizá sería que decae llegados a cierto punto, aunque se recupere notablemente, que parece que la cosa no vaya a dar para más en algún momento o que le falta una atmósfera, como ya dije antes, mucho más eficiente, puesto que apenas la posee y, de bien seguro, le vendría excelentemente en más de una ocasión.
También contiene, en cambio, puntos a favor, como ese personaje del policía, totalmente paródico en algunos momentos, o una trama que, vista de cerca, podría aguantar más de un asalto, y esa es, sin lugar a dudas, una gran baza que hará disfrutar tanto a los más acérrimos como a los más escépticos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Y es que, ese habilidoso componente que supone que la víctima deba gritar, no hace que nos lleven por caminos fangosos ni la propuesta se alargue más de lo deseado, pues llega hasta ese hábil final donde, a pesar de lo aparatoso del giro, si no lo hubiese, todo quedaría en algo ilógico y desgraciadamente fallido. No es así, y se agradece.
Grandine 
|