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Un truco perfecto
Bonito cuento romántico, nada baboso, con una perfecta ambientación y una notable fotografía, en el que se nos narra como un muchacho, hijo de un ebanista, mantiene una bonita relación con la hija del duque, hasta que los padres de ella los obligan a separarse. El chaval, que ya sabe hacer algunos truquillos, se va a recorrer el mundo aprendiendo en su viaje magia de verdad, para reaparecer varios años despues en la Viena imperial, sorprendiendo a la gente con unos trucos que ya quisiera tan sólo imaginar el mismísimo David Copperfield, y donde se volverá a encontrar con su amada, convertida en la prometida del príncipe heredero, un tipo tiránico y despreciable.
Norton, en su ya habitual linea ascendente, sabe dibujar con precisión su personaje de mago enigmático, perfectamente arropado por un Giamatti excelente que da vida a un inspector corrupto al que aún le queda un diminuto mínimo de dignidad. A destacar sus escenas juntos, con unos diálogos brillantes aderezando un duelo interpretativo del que cuesta elegir un claro vencedor.
Si bien el sorprendente giro final pueda parecer a algunos muy truculento, en realidad durante todo el metraje se nos van mostrando, muy sutilmente, todas las piezas del intrincado rompecabezas al que nos transporta un sólido guión muy bien desarrollado por una sobria dirección.
Algo malo?: quizás que los trucos del mago, mas que magia, sean milagros, y que el cartel recuerde demasiado al sorteo especial de navidad.
Muy recomendable, por ser del todo entretenida, y por atrapar al espectador con una trama de la que es mejor no perderse ni un detalle.
Kingo 
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