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Apología de la infancia
Es un relato mesiánico lleno de encantadora simpleza, a veces pueril, pero también una pieza cinematográfica inteligente, de soberbia construcción y llena de matices con la que Spielberg demostró ser uno de los más grandes narradores de historias a través de la imagen.
Los mayores, salvo la madre y el hombre que cree en los extraterrestres, siempre se ven como una amenza, aparecen en sombras, de espaldas, o en planos generales, porque es una obra de reivindicación de la infancia, la época en la que todo es posible y se da rienda suelta a la imaginación.
Las secuencias del primer encuentro con el (castamente asexuado) ser, el aprendizaje, la suelta de ranas en el colegio o la huída en las bicicletas con la música de Williams sonando a plena potencia conservan toda la magia, pero hay algo más, que se debe agradecer a Spielberg por encima de todo, E.T. acaba con ese maravilloso rastro de arco iris en el cielo y nunca, nunca, hubo, y esperemos continúe, la deleznable, oportunista y habitual segunda parte.
Ennis 
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