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Crítica de Chagolate con churros a My Blueberry Nights
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| 38 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Wong Kar-Wai es tierra
Estoy jugando. Jugando a identificar a cada director con uno de los cuatro elemento naturales o raíces.
Sue Lynne entra contoneándose a un bar. Deja siempre que un mechón caiga sobre su cara. Sue Lynne es explosiva, es ardiente y juguetona. Es peligrosa. Arnie sigue su contoneo. Sabe que ya lo perdió para siempre, que sus curvas se perdieron entre los últimos tragos de güisqui. Los últimos tragos siempre son esta noche.
Es todo tan terrenal. Tan humano.
Tan doloroso.
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Sue Lynne conoce a Elizabeth en la barra de un bar. Lizzie no deja ver su dolor como Arnnie. Pero lo tiene escondido. Y Lynne lo sabe, lo intuye porque una vez ella fue Lizzie. Quizá haya gente que piense que Lizzie huye, pero lo cierto es que Lizzie está en el camino. Aprendiendo, buscando en cada persona un trozo más de su vida.
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Leslie empuja la puerta.
Hay gente que entra en tu vida sin pedir permiso y luego sale con la misma indiscreción. Su intromisión asusta, la ausencia aterra.
Buscamos recuerdos. Buscamos manos que nos tocaron y labios que nos besaron. Buscamos esas cosas que son de barro.
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Jeremy es el que siempre espera. El que lleva los recuerdos hasta la extenuación. El que añora la primera gota que cayó de lluvia cuando arrecia una tormenta. Somos los buscadores de sueños escondidos. Los que esperan.
Las esperas y los sueños. ¡Qué cosas, verdad!
Sí, ni el viento se las lleva.
Chagolate con churros 
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