Los personajes de Truffaut se caracterizan por gozar de una enorme y elaborada personalidad. El caso de Antoine Doinel es el perfecto ejemplo de ello, y si vuelve a aparecer en más películas y éstas siguen funcionando es porque el personaje da mucho de sí, y gracias a la desbordante imaginación del director francés se permite el lujo de mirar hacia delante y dejar de lado a aquel recién adolescente para dar paso a un recién adulto más desorientado aún que por entonces. Y es que en esta película el polifacético Doinel no da respiro alguno, con una ambición laboral y amorosa delirante.
spoiler:
Y es que este personaje es impresionante. Es capaz de dejar el ejército, irse al prostíbulo, ser honrado en el hotel al no aceptar el dinero, ingenuo en su trabajo de detective a la vez que descarado con la llamada de teléfono para impresionar a Christine y atrevido para salir con una mujer dos cabezas más alta que él. Está tan chiflado como para repetir su nombre y el de otros frente al espejo yo qué sé cuántas veces, es tímido y educado con la mujer de la que se enamora repentinamente, distraído al romper la tostada en la que unta la mantequilla, emprendedor al aceptar cualquier trabajo que le ofrezcan, y lo mejor de todo es que, sin proponérselo, es un tipo muy gracioso.