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"¿Cuál es el propósito de mi existencia?"
Park Chan-wook se ha introducido como pocos en una percepción personal, íntima y subjetiva de las cosas. Diluyendo los límites entre realidad y fantasía, nos hace partícipes del mundo de Young-goon tal y como ella lo experimenta. Criada en el especial universo de su abuela, en el que ambas han estado siempre inmersas, y que nadie comprende aparte de ellas, Young-goon es una chica que vive su realidad a su manera, sin atenerse a las reglas de la razón ni de la lógica, ni de la linealidad del tiempo, ni de los límites espaciales.
Los médicos dictaminaron que su abuela padecía esquizofrenia, y que ella también la padece. Su abuela afirmaba ser un ratón, y Young-goon hace mucho tiempo que se ha dado cuenta de que es un cyborg. Pero, ¿por qué se creen esos médicos que son ellos los que llevan la razón? ¿Por qué se llevaron a su pobre abuela, el ser al que ella más quiere, y la internaron en un sanatorio, condenándola a morir? ¿Por qué se niegan a admitir que ella es, efectivamente, un cyborg, si ella siente que lo es?
Ante este drama onírico y fantástico de Chan-wook hay que limpiar la mente, aceptar la personalidad de Young-goon, meterse en su piel y dejarse llevar por su imaginación exaltada. La maestría de Chan-wook está en la sensibilidad y la extraordinaria complejidad con que recrea la percepción surrealista de la chica, su convencimiento absoluto de ser un cyborg que solamente debe alimentarse de energía eléctrica (lo cual la induce a rechazar la comida, pesando sobre ella la amenaza de la inanición), su obsesión por rescatar a su querida abuela perdida, su rechazo hacia los médicos y enfermeros, sus íntimos razonamientos y creencias que llegan a la psicopatía, y sus peculiares interacciones con el entorno que la rodea en el sanatorio para enfermos mentales en el que está recluida.
No sólo presenciamos la especial cotidianeidad de Young-goon en la clínica, sino también la de los demás internos. Así, podemos conectar con los mecanismos de defensa que han construido a su alrededor esas personas lastimadas por la vida, que en algún momento traumático perdieron la noción de una realidad que se hizo añicos.
Young-goon, condenada a morir en pocos días por su negativa a alimentarse de comida humana (pues está segura de que su cuerpo "robótico" se estropeará si se alimenta de otra cosa distinta a la electricidad que supuestamente le transmiten las pilas y baterías), agita el corazón de un joven interno obsesionado por robar desde objetos hasta los rasgos de la personalidad de otras personas.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Entre los dos jóvenes se establecerá un vínculo conmovedor, sumergidos en esa extraña clarividencia que a veces da la locura, en una relación en la que la empatía y la comprensión mutua van aumentando mientras sus mundos únicos y plenos de fantasía se unen y se combinan para dar lugar a una hermosa historia de amor que rompe los límites y avanza más allá del tiempo y del espacio, hacia una dimensión que sólo ellos pueden alcanzar, y en la que ni siquiera precisan de palabras para entenderse.
Todo ello autentificado por una fotografía que derrocha creatividad, un guión que hay que seguir con el poder de la intuición, unas buenas actuaciones (los dos protagonistas destacan) y una preciosa banda sonora que con su elegancia y su delicadeza es un magnífico complemento para este extraño, sensitivo y duro experimento del director surcoreano.
Vivoleyendo 
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