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ALL THAT JAZZ
Seguimiento de la felicidad a través del tiempo de un director homenajeado en una retrospectiva de su filmografía. En el pasado, a través de sus recuerdos, hallándola en un inocuo y doméstico instante, inestimablemente apoyado por el jazz de Louis Armstrong. El jazz, todo ese jazz, como baluarte y como toma de consciencia de un fugaz agarre del grial de la felicidad sin estrías. En el presente y en el futuro, quizá en una nueva relación de pareja. Empero sin detrimento del conocimiento de lo efímero, absurdo y triste que este mundo es.
Desapercibido, cuasi ignoto, es este largometraje en blanco y negro de nuestro filósofo cinematográfico favorito (ésto último, para los que sus fans somos). Película brillante, ácida, atípica, surrealista, hipnótica. Una autorreflexión capaz de hacer germinar frutos de belleza y filosofía del vasto árbol de la melancolía, definible además como retrato de la simbiótica paradoja de la comicidad nacida de la tristeza oculta, del miedo a la muerte, de la ciega e incoherente condición del amor, del caos sentimental: "Ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!" (¡Ríe, Payaso, y todos aplaudirán!) como dice la letra de la aria "VESTI LA GIUBBA" de la ópera "I PAGLIACCI". Un baño de multitudes compuesto de admiradores, inflexión vital, existencialismo pesimista e interno repaso autobiográfico.
Cuenta el film con un hermoso y original cartel (no el que sale en esta web, sino uno constituído por dos figuras abrazadas besándose, cuyos contornos sobre fondo negro se componen de puntitos o, más bien, estrellas. No en vano, su título original es "STARDUST MEMORIES").
Y también tiene en su haber un fascinante plano final. (SI LES PLACE, PASEN A SPOILER).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Al final, vemos que se encienden las luces de una sala de proyección, a la que unos espectadores han asistido a la proyección de la película dentro de la película. La gente va levantándose y saliendo de la sala entre variados comentarios de admiración, extrañeza e indiferencia sobre la filmación que han visionado.
Cuando la sala se queda vacía, y con las suaves notas de un piano acompañando, vemos un plano fijo del patio de butacas y la pantalla. Entonces, aparece Woody para recoger unas gafas de sol que ha olvidado en un asiento; las coge y cuando se va, se para de repente, volviéndose hacia la pantalla vacía, quedándose contemplándola unos instantes. Luego da la espalda a la pantalla y prosigue su marcha, saliendo afuera y la imagen se funde a negro, quedándose sobre el fondo negro las pequeñas luces de la sala en forma de puntos, revelándose como estrellitas.
Joan 
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