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Erupción volcánica bajo el hielo del Norte
Es difícil contar con más frialdad una historia tan dura y conmovedora. Esto no es una crítica negativa, es un elogio. Es decir: el director ha sabido penetrar en las profundidades de un volcán de sentimientos cubiertos de una gruesa capa de hielo que va poco a poco levantando, casi sin mover una pestaña, para permitir entrever las corrientes de lava contenidas que son las almas de todos sus protagonistas, no sólo de las dos mujeres. Es cine puro que recuerda a Bergman, cine del norte de Europa, que nunca podría estar firmado por autores más próximos al mediterráneo. Toda la película transcurre por el filo de la navaja de los sentimientos, de la explosión de dolor, de la rabia apenas consentida.
Y si el guión, al que sólo se le pueden achacar algunos titubeos narrativos, controla con maestría el avance de la acción, la fotografía y el sonido intervienen de manera efectiva. La banda sonora es rica y potente. Tiene un protagonismo de primera fila tanto por la música que se interpreta en pantalla como por la composición de sonidos que desde el primer minuto impactan con frialdad y rudeza en el alma del espectador.
La narración fílmica, la fotografía no tienen nada que ver con lo que se hace actualmente y menos en el dominador cine norteamericano. Es personal, original, bella en su crudeza. La puesta en escena alcanza una intemporalidad que en muchos momentos hace dudar de en qué época se está desarrollnado la acción y trasciende el conflicto más allá de situaciones políticas concretas.
Envidiable el papel de la profesora. Pocos papeles hay de tal talla para mujeres de cierta edad.
Laetitia 
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