|
Quiero ser Clint Eastwood.
Con "Poder absoluto", Eastwood vuelve a ofrecer otra bofetada de cine maduro, implacable, lleno de clasicismo en la puesta en escena y de sabiduría en todos sus encajes. No es que la película sea de lo mejor de su maravilloso director, pero le sobran los detalles, celuloide y autocapacidad para descollar, sin mayúsculos esfuerzos, como una rotunda y buena película.
Eastwood interpreta a un ladrón ubicuo y de mil rostros que asiste atónito al crimen que comete el Presidente de los EE.UU(Hackman), el poder absoluto, a una amante, esposa de quién le ascendió al poder.
Tiene algún altibajo y disfunción en el guión, pero resulta una más que solvente y nada hipócrita denuncia contra la hipocresía, y los abusos y resortes del poder, de la impunidad en ciertas esferas. Eastwood así prosigue con su cine de espartana solidez, de absoluta inexpropiabilidad, claro y diáfano como las aguas de una playa caribeña. Todo un hombre. Yo, de mayor, quiero ser Clint Eastwood.
kafka 
|