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Una escena que vale por mil
La película es un fresco, una pintura de la Roma del nuevo siglo. Es despareja, tiene momentos muy logrados, y momentos pobres. Está muy lejos de las grandes películas de Ettore Scola, como La Familia, La Cena, Un día muy particular.. Pero hay que detenerse, frenar el mundo unos minutos y sentarse a paladear uno de esos momentos mágicos que regala el buen cine: la escena del hijo con su padre en el restaurante.. Imperdible. Para reír y lagrimear. Esa sola escena vale por varias películas. Un lujo.
zelmarux
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