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Hacer balance es mirar dentro de uno mismo; y eso conlleva demasiadas cosas....
Otra Mujer; otra película de Allen a lo Bergman, otra obra que indaga en lo intimista y lo cerebral, en la felicidad y el vacío, en el pasado y sus consecuencias...
Primer plano; la cámara quieta y fría enfoca un pasillo por el que aparece Marion Post, una profesora de filosofía a la que según sus propias palabras, "se podría decir que a sus cincuenta años la vida le ha brindado un buen número de satisfacciones". Mírenla, parece feliz... parece y nos asegura que es feliz, ¿quién lo dudaría?, es brillante, inteligente, está viviendo el momento más álgido del florecimiento de un nuevo amor, y tiene un permiso del departamento de filosofía donde trabaja para dedicarse exclusivamente a escribir su nuevo libro. ¿Qué más puede pedir?, tiene amor, proyectos y la consideración de aquellos que le quieren. Definitivamente, la vida le ha sonreído; o eso parece... porque aunque Marion se declare como una persona a la que no le gusta hurgar en el pasado, ni hacer balance de tiempos pretéritos, una rejilla en el pasillo de su nuevo y recién alquilado estudio le tocará irremediablemente su corazón. Por esa rejilla que comunica con la consulta de un psicólogo a través de una pared, sale con frecuencia la desconsolada voz de otra mujer... una voz que será el principio de la catársis que le abrirá los ojos, y apartará el velo de su visión excesivamente racional de la vida.
Sin duda estamos ante un drama, crepuscular y seco; pero no se dejen asustar por los aspectos filosóficos de su argumento ni por la sobriedad de su ritmo narrativo, porque detrás de todo eso se esconde una brillante cinta que es capaz de desnudanos a sus personajes con una sinceridad tal, que parece que escribir un guión está al alcance de cualquiera; si a eso le añaden una cámara que hace comunión con ese tono sincero haciendo uso de una infinita franqueza, pues todo fluye...
Siempre he dicho que el Allen que menos me gusta es el que se torna en Woody Bergman, pero esta vez me voy a tragar mis palabras con dignidad; esta vez me voy a confesar sin miramientos, y voy a decir... "- Me ha encantado". Y lo voy a confesar porque no está bien vivir tus propias mentiras. Ya lo entenderán mejor cuando disfruten de esta joya...
Disfrútenla.
HEIFER 
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