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Llegó el momento de las amargas verdades
El cine, europeo o no, clásico o moderno, en general, está marcado por los estereotipos narrativos. Los momentos de las películas, buenas o no, pueden encontrarse, de forma similar, narrados en otras por lo general de la misma calidad que las anteriores. Encontrarse con una película sobria en su desarrollo, lentamente narrada pero a la vez sin disminuir ni un momento la intensidad, y sobre todo, alejada de tópicos y estereotipos en las situaciones que represente, se hace harto difícil.
La vida de los otros cumple todos estos requisitos, y además, la dirección de actores, el guión y la ambientación, son sencillamente soberbias. Este alemás de nombre impronunciable ha creado una de las mejores películas que he visto en los últimos años sin duda. Sencilla, sobria, elegante, y plagada de sentimiento implícito. Sus más de dos horas se hacen cortas, casi como un suspiro.
Ojalá el cine diera maravillas como está más frecuentemente. Hoy día, el cine es (perdonad por la comparación), casi como el fútbol: para ver un buen partido, hay que tragarse otros 30 insufribles y lamentables espectáculos. Obras como ésta son las que te hacen seguir interesándote por este arte.
Trip 
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