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Chascarrillos varios, romanticismo de garrafón e inane ironía.
Una gilipollez excesiva. Mal narrada, sin gracia (sí, dos o tres golpes quizás, vale, al que le compense el precio de la entrada...), mal montada (de verdad, a estos niveles hay cosas que no deberían tolerarse), tópica... Una delicia vaya.
Pocas veces he visto el consabido argumento del enamoramiento y las sucesivas confusiones posteriores tan mal resueltas como en esta película. Un guión es una estructura, no cuatro puntitos de comedia ocurrentes mal hilvanados. Eso son ideas... No un guión. Con el agravante de que esos puntos son sólo ocurrencias (no una idea trabajada), con lo que ya las hemos visto en el trailer... no hay más, son ocurrencias sueltas, aisladas.
En la narración se recurre constantemente a la música para hacer avanzar, a modo resumen, la acción. Una vez vale, dos venga... Más no es un recurso, es una muestra de incapacidad.
Al respecto sólo puedo decir que estaba viendo la película y de repente, sin aviso previo, los protagonistas estaban enamorados... Llegué incluso a pensar que, de alguna manera, nos habían escatimado parte del metraje... Hasta ese punto.
Entiendo que en la sociedad americana algunas bromillas sobre las series de adolescentes o la cirugía estética se tomen en determinados sectores como algo fresco. Pero aquí son ocurrencias demasiado blanditas y tópicas.
Paul Rudd ridículo. Normalmente los tíos en las comedias románticas son esos príncipes azules que hacen todo tipo de gilipolleces superficiales que tanto gustan a un sector del público femenino (como Stallone en su día gustaba a un sector del masculino), pero el personaje de Rudd rompe todos los registros de imbecilidad en su afán de comicidad. Exagerado como pocas veces he visto.
Peor de lo que te puedes imaginar. En serio. Que yo tampoco esperaba gran cosa.
Al menos la película cierra con mi tema favorito de los Beach Boys y salí de la sala tarareándolo. Algo es algo.
Bloomsday 
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