Esta es una de esas películas que se queda adherida al corazón por razones que no son propiamente las más legítimas o cinematográficas, como la admiración a un actor como Michael J. Fox o a la belleza de la súperchica Helen Slater. Además de ellos, se puede decir también que es un título con el que una generación completa de jóvenes empezó a comprender la sed de éxito en que se debía amparar su entrada al mundo y lo poco pecaminoso que era tener aventuras sexuales en casa o en un rincón de la oficina.
Es una comedia romántica con un matiz adicional: los rasgos distintivos de una sociedad en la que importa mucho el nivel económico, la destreza en los negocios y el sex appeal de los recién egresados de prestigiosas universidades. Y lo que muestra esta película lo muestra bien, sin que uno tenga o no que estar de acuerdo con lo que parece ser el mejor destino para toda vida.
El guión es interesante, y el papel representado por el joven Michael J. Fox, con doble personalidad y sin hipocresía, resulta uno de los mejores en los que lo he visto.
spoiler:
Hay maravillosas escenas, imperdibles para todos los que gustan de un rato de comedia y melodrama, como la de la seducción de la tía Vera a su sobrino político, por no decir que todas las escenas en que se envuelve esta pareja, la de la veterana insaciable y el joven escurridizo. Además, la escena en la que todos se buscan, con ánimos calenturientos, a altas horas de la noche en la casa del multimillonario tío, es para reírse un rato e identificarse con una que otra anécdota.