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En la fiesta de Blas, en la fiesta de Blas... todo el mundo salía con unas cuantas copas de más!!!
Para la gran mayoría, Peter Sellers siempre personificará la viva estampa del inspector Clouseau. Inevitable.
Para mi, sin embargo, su figura siempre irá asociada, impepinablemente, a la de Hrundi V. Bakshi, un gafado actor de reparto hindú que me hizo partir la caja hasta límites espasmódicos en esa impagable recreación de un hombre que, pese a sentirse como un burro en un garaje, desempeñó inimaginables esfuerzos para integrarse a una situación y a un entorno social que le resultaba terriblemente ajeno y hostil. De hecho, mi particular veneración hacia “The party” es producto de la inexorable empatía que me suscita el personaje interpretado por Sellers. Antaño, por timidez o por absurdos convencionalismos sociales, solía sentirme incómodo o fastidiado ante la insalvable contingencia de afrontar engorrosos acontecimientos multitudinarios y ello desembocaba, paradójicamente, en acabar inmerso sin comerlo ni beberlo en mil y una peripecias estrambóticas, a veces casi surrealistas. Hoy en día soy algo menos timorato y algo más irreverente, pero sigo recordando con cariño la primera comedia “de adultos” que me hizo derramar lagrimones como puños entre tanta carcajada.
“El guateque” no pretende, en ningún momento, convertirse en paradigma de la comedia inteligente, con diálogos mordaces, espíritu de denuncia y blablablá. Nada de eso. La acertada batuta de Edwards encauza una sucesión de gags que van encadenándose con elegancia y fluidez, sin mayor aspiración que hacernos reir a mandíbula batiente. Y a fé de Dios que “El guateque” alcanza su propósito. Cuentan que algunos, de tanto reirse, han llegado a vomitar... ¿O fue por el güisqui del Eroski?.
Taylor 
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