El otro día, cuando estaba en casa de mi suegra, pusieron en la tele la versión moderna de “Mujercitas”. Decidí prestar atención al inicio por unos minutos, dado que mi suegra hablaba en ese momento de su prima Paquita y su sobrina Cuca.
Lo que acerté a ver fue lo siguiente: Mientras nieva sobre la casa familiar una voz en off nos dice cándidamente que las hermanas March opinan que “aquellas fueron las mejores navidades de su infancia”. Susan Sarandon entra en casa y me doy cuenta nada más verla que si está en esta película es por dinero, dinero que quizás done a causas benéficas como la lucha contra la pena de muerte a los homosexuales de Qatar, pero por dinero, al fin y al cabo. Se encuentra en el hall con sus cuatro hijas, todas las cuales tienen pinta de haber dejado la fase comúnmente denominada “infancia” unas cuantas menstruaciones atrás; en el caso de Winona Ryder –la narradora- y otras dos más, sólo es creíble que no conozcan bíblicamente varón si hubiesen estado encerradas en un convento, el cura era pederasta y el sacristán el feo de los hermanos Calatrava. Dos minutos me bastan para comprender que toda esta película es un error de la evolución animal, como el ornitorrinco. Me levanto y me voy a echarme una siesta, algo que siempre hago cuando estoy en casa de mi suegra.
spoiler:
Dos horas después vuelvo de la siesta y mi suegra sigue hablando de su prima Paquita (y de su sobrina Cuca). No es que haya estado en todo momento hablando de ellas, es que he reaparecido sencillamente en el instante en que mi suegra volvía a hablar de ellas. Mi suegra es un eterno retorno, seguramente Niesztche la conoció un momento y tuvo inspiración para varias décadas.
Desvío la atención y veo el final de “Mujercitas”. Ahí están otra vez. Todas con la misma cara. No parece afectarles que haya pasado una guerra, ni que hayan perdido la inocencia, ni que se hayan muerto hombres de su familia y de su pueblo para que ellas puedan seguir siendo como son. Al menos en “Lo que el viento se llevó” las damas del Sur sí llegaban al final de la película con aspecto de haberlo pasado mal. A Winona Ryder le publican el libro, que tendrá los lectores que merece. Luego corre tras Gabriel Byrne, el cual, muy tierno él, le confiesa que leer su novela ha sido como “abrir una ventana a tu corazón”.Y se queda tan pancho. Ole tus huevos, Gabriel, no me extraña que después de esto nadie te diese trabajo en Hollywood. The End. Y esta es la mejor manera de enfrentarse a “Mujercitas” desde un punto de vista contemporáneo.