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Cuando la pretendida sutileza deviene vulgaridad
Año tras año, el Festival de San Sebastián va degradándose y alejándose de los certámenes de referencia a nivel mundial debido a la mediocridad de las cintas premiadas. Y no me refiero únicamente a nivel internacional, sino incluso en el panorama nacional, donde su palmarés es superado edición tras edición por la insigne Seminci, e incluso por el Festival de Málaga, al que se presentan cintas españolas con las que ya quisiera contar Donostia, que tradicionalmente ha dado la espalda al cine patrio de calidad, en busca del prestigio de títulos extranjeros menores(preferentemente de países pintorescos).
Al cabo del año, debido a mi profesión, veo -con afán y deleite, eso sí- decenas de títulos de cine europeo y "del mundo", y lo cierto es que "La caja de Pandora" no pasa de ser otra película más que no merece ostentar ningún palmarés, sino pasar, por deméritos propios, directamente al montón de títulos presecindibles que cabe ver por curiosidad y olvidar rápidamente.
Lo de los premios es comprensible en un festival "comprometido" como el de San Sesbatián, donde el palmarés tiene más que ver con aspectos socio-polítocs que con la estricta calidad de las películas; concha de oro a película de mujer debutante de país exótico; concha de plata a anciana que interpreta a una enferma de alzheimer.
La película en sí es facilona y muestra, de la forma más evidente, tópicos más que manidos por la historia del cine: conflicto generacional, conflicto campo-ciudad, conflicto familiar, sociedad rural vs sociedad urbana, rebeldía juvenil, enfrentamiento entre hermanos. Todo ello adornado formalmente con una fotografía que busca de forma grosera y efectista el preciosismo y mediante planos "muertos" injustificadamente alargados (que no aportan nada a la trama ni contribuyen a crear "atmósfera") que tan sólo directores de la talla de Tarkovski o Lynch pueden permitirse sin embriagarse de pedantería huera.
En todo caso, quien quiera acercarse a un cine turco actual de mayor nivel le recomiendo "Tres monos", de Nuri Bilge Ceylan, premio al mejor director en Cannes.
Ficciones 
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