Es curioso, o quizás no, el hecho de que cuanto más va pasando el tiempo y uno va sumando años y experiencias en su propia vida, descubre con sorpresa que al ir visionando o revisionando los trabajos de Allen muchos de ellos son mucho más interesantes y valiosos de lo que recordaba. Un ejemplo es esta película. No la tenía fresca en la memoría, pero al verla el otro día me maravillé al comprobar lo valiente que es Woody Allen al reflexionar sobre los problemas de pareja. Ya sé que es tema habitual en su filmografía, y pese a ello creo que esta obra tiene algunas de las escenas más sinceras y penetrantes que haya rodado el cineasta neoyorkino.
Creo que hay que ser valiente para hacer películas intimistas como esta, además de tener talento, claro. La inteligencia de Woody es aquí menos irónica que de costumbre; quizás porque a el mismo no le hacen "tanta gracia" estos asuntos.
spoiler:
El final, con Woody Allen diciendo a la cámara que ahora le apetece estar una temporada solo, para que no le hagan daño y al mismo tiempo no hacer daño a nadie, me parece bastante desolador. ¿Quién con un mínimo de sensibilidad no se ha sentido así alguna vez?
Todos los actores maduros, y también la joven y algo promiscua Juliette Lewis, están perfectos en sus papeles.
Tampoco recordaba que justo por esta época Woody se separó de Mia Farrow, pero lo he recordado al leer otra crítica.
A veces uno piensa; ¿qué es más real, las escenas que representan Woody y Mia en la película o las que representan, o en ocasiones "representamos", en la propia realidad?
Es como cuando uno lee que Cary Grant era gay. Uno se queda sorprendido y desorientado.
Bueno, estoy divagando, así que mejor me voy...