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Polvo de estrellas
La última película de Elia Kazan debería ser la primera que cualquier aficionado al cine viera para entender muchas cosas sobre el verdadero making off de una película, y no el rollo super ocho al que nos tienen habituados los promotores. Conserva, todavía hoy, todo su magnetismo intacto, además de representar un estilo a punto de desasparecer: el de los filmes clásicos, rodados por cineastas que lo que querían por encima de todo era contar historias. Magnífico guión y deslumbrantes imágenes que retratan un fragmento del apogeo de Hollywood en el que junto al glamour conviven los sueños de poder, ambición y arribismo. Una mirada elegante, sofisticada, crepuscular y decadente a los años dorados del cine. Por si fuera poco, el reparto es insuperable. La plenitud de De Niro y Nicholson y el empaque de Robert Mitchum, Jeanne Moreau, Dana Andrews, Tony Curtis, Ray Milland y John Carradine. No obstante, me pregunto por qué Theresa Russell no ha sido capaz de volver a participar en una película decente. Quizás la primera ya era inmejorable.
A los cinéfilos, les recomiendo leer antes la novela Scott Fitzgerald, pero en este caso sobran las comparaciones. La película tiene vida propia.
Hay referencias veladas a Casablanca (1942) y es imposible no pensar en Sunset Boulevard (1950) y Singin' in the Rain (1952). Desde el punto de vista social, son interesantísimos, y aún de candente actualidad, los temas tratados: la inmigración, la homofobia, el racismo, el sindicalismo, los pingües beneficios económicos (precisamente hoy que BANESTO publicó los suyos, en plena ola descendente...
Parece que fue ayer que los guionistas de cine hicieron una huelga para reivindicar sus derechos...
astimegoesby 
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