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Pesadilla Kafkiana
Algo por lo que amo más el cine y el arte en general es por esa capacidad casi mágica para transportarnos a otros universos, fascinantes e enigmáticos parajes con los que siempre estamos de alguna manera en contacto. Así, observamos el universo del subconsciente oscuro y brillante en las películas de David Lynch, el de las profundidades del alma en los filmes de Bergman o esos universos físico-psicológicos donde solo tenemos la alternativa de encontrarnos a nosotros mismos o perdernos para siempre, como en la lírica de Sofia Coppola. Pero todos ellos han salido de uno solo: el universo de la existencia. Aquel que nunca dejara de parir los universos más diversos y complejos.
La primera vez que vi “Cube” me perturbó profundamente, nunca antes ninguna película me había provocado tanta angustia. Seis desconocidos despiertan de sus vidas cotidianas solo para encontrarse atrapados en una prisión surrealista. Cubos interminables y exasperantes (algunos con trampas mortales) se convierten ahora en un enemigo a vencer si es que quieren salir con vida. La historia se desarrolla de manera vertiginosa, intensa y cruel, llegando un punto en el que se hace casi insoportable. El terror en todos sus aspectos llena la pantalla, las voces se quiebran clamando por la libertad y este soberbio cuadro termina por cuajar en un espeluznante abismo donde veremos reflejados nuestros miedos más profundos.
“Cube” es una fascinante obra maestra del género de Terror, sin embargo debería de ser también considerada como una joya del Existencialismo, ese universo artístico y dramático conocido por la descomposición de la existencia, la presencia obsesiva del absurdo y la nada. De hecho, “Cube” parece haber salido de la mente de uno de sus máximos exponentes, Franz Kafka, ese atormentado escritor que creo su obra a partir de la exploración de su propio universo interior. En su obra cumbre, “La Metamorfosis”, Kafka nos presenta al personaje de Gregorio Samsa, un individuo quien una mañana despierta absurdamente convertido en un insecto, quedando encerrado en su habitación y aislado del mundo exterior. Aquí es Vincenzo Natali quien nos presenta a esas seis personas totalmente desconocidas y sin ninguna conexión entre si atrapadas en su “Cubo”.
Ambas obras no nos ofrecen mayores explicaciones ni justificaciones sobre el porque de esos hechos, sino que inmediatamente nos adentran en ese modelo de alta calidad artística que el mismo Kafka creó llamado “Laberinto Existencial”. Incluso el filme refleja todos esos sentimientos que acompañaban siempre al escritor checo y que aquí nos invaden en la piel de los personajes de Natali: la soledad, la angustia, las obsesiones, la incomunicación, el hastío, el aislamiento, el desgarro interior… Todo esto es “Cube”.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: A todo esto hay que añadir el estado anímico y todo lo que padecían los protagonistas de ambas obras antes de incursionar en su nueva “realidad”. Así, con su alma totalmente desvestida de la “realidad”, la normalidad y la cotidianeidad se enfrentan a si mismos. Ya no tienen a su familia, ni a sus amigos ni a la sociedad para apoyarse en ellos o tomarlos como alguna excusa. Están solos frente a un mundo feroz, implacable y violento; una claustrofóbica pesadilla que poco a poco los van consumiendo. ¿Así terminaríamos acaso si de pronto nos encontráramos ante un mundo implacable con el alma desnuda y mostrando sin máscaras y sin el menor pudor quienes somos en realidad junto con nuestros miedos, emociones, frustraciones y deseos? ¿No podríamos contra este y terminaría encerrándonos? ¿La libertad sería entonces un sueño que nunca se haría realidad?
Pero no es necesario despertar una mañana en las situaciones que nos presentan Natali y Kafka. El escritor tal vez quería trasmitirnos que llega un momento en el que el mundo, aplastante y demoledor, termina por hacernos sentir o convertirnos en simples insectos, insignificantes e impotentes; y el cineasta, que esas cuatro paredes teñidas de miedos y desesperaciones que atormentan a sus protagonistas en realidad no son mas que sus propias vidas, las cuales han llegado a convertirse en su propia cárcel. Sin embargo, en ambos casos hay un objetivo que persiste: la lucha por la libertad. Porque, con palabras de otro gran existencialista, Albert Camus: la reflexión existencialista acaba descubriendo que solo rebelándose puede el hombre darle sentido a un mundo dominado por el sinsentido.
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