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FAHRENHEIT 451 HOY
Cuarenta años después del estreno de Farenheit 451 (1966), el rumor sobre la posibilidad de que los libros empleados en el rodaje de la película para ser quemados pudieran haber sido libros de verdad, y no copias que imitaban a los libros, ha empezado a tomar consistencia. El director de la película, Francois Truffaut, siempre negó tal posibilidad, defendiendo que los libros que se quemaron en el filme no eran reales, sino meras imitaciones de libros. Sin embargo, el ojo despechado de la crítica americana siempre contempló con una sombra de duda tales afirmaciones. Hace tan sólo dos semanas uno de los bomberos que actuaba de figurante en el filme, Phillip Bowles, hizo saltar la voz de alarma: 'los libros pudieron ser auténticos'. Y tal posibilidad constituye todo un zarpazo al propio mensaje de la película, en el que se defiende el respeto hacia los libros y la necesidad de no quemarlos, al tiempo que resta crédito al propio movimiento progresista-liberal de la Nouvelle Vague.
Son mayoritarias las voces de rabia y consternación que se escuchan estos días en radio, prensa, televisión e internet en contra de Francois Truffaut. El hombre que dirigió una de las obras más apologéticas de la lectura y del libro como canal de transmisión de conocimiento es el mismo que quemó en su película obras clave de la literatura universal como 'Madame Bovary', 'Oliver Twist', 'Alicia en el País de las Maravillas' o 'Lolita'. El argumento esgrimido por un gran número de intelectuales es difícilmente refutable: si en una película contra la pena de muerte no se ejecuta de verdad a las personas en la silla eléctrica, por qué en una película contra la quema de libros se queman de verdad los libros.
Los nietos del autor de Farenheit 451, Ray Bradbury, Ray y Hellen, se han sumado igualmente a la condena del director francés aduciendo que su abuelo no quemó libros de verdad en su libro, sino que utilizó dobles de libros.
Por su parte, el delator de Francois Truffaut, Phillip Bowles, cuenta que el director galo encontraba divertidas las escenas en las que se quemaban libros y que por ello quiso extender hasta la saciedad la duración de los planos en los que se ven los libros retorciéndose en las llamas. 'Nos dijo -dice Bowles- que quería quemar una revista de crucigramas en español. Todos pensamos que no sería capaz de quemar la original, pero cuando un compañero del reparto se la pidió para pasar el rato, Truffaut le dijo que la había perdido. Aquello nos olió a todos a chamusquina (...) Jamás vi a ningún miembro del equipo de FX que se iba a encargar del duplicado de los libros. La caravana donde se supone que dormían siempre estaba vacía'.
cinematon
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